Por: Amigos de la Tierra Argentina
Ante la nueva arremetida del capital que reconfigura la geopolítica del Continente, en algunos casos a través de explícitos gobiernos ilegítimos, vivimos una nueva oleada de políticas neoliberales. Tales políticas pretenden precarizar la vida y profundizar las desigualdades entre las personas, privilegiando los intereses privados de grandes compañías y grupos de poder, y a su paso destruyendo el planeta y toda la vida que en él habita. Esta nueva estrategia viene sustentada por organismos internacionales y Tratados de Libre Comercio, sin legitimidad democrática, que dictan la líneas de acción política con una argumentación tecnocrática, y que se aleja de las necesidades de la sociedad en su conjunto.

No es de extrañar que Argentina, pretendiendo liderar la reconfiguración del capital en el continente, sea la anfitriona de dos importantes organizaciones internacionales que promueven las políticas neoliberales: Organización Mundial del Comercio (OMC), el pasado diciembre, y el G20 a finales del presente año (2018). Mientras que el gobierno de Macri adopta la agenda de las grandes empresas, del capital financiero y especulativo, al mismo tiempo promueve nefastas reformas laborales, despide masivamente obreros de hospitales, instituciones estatales y empresas; cierra programas de asistencia social y escuelas, recorta presupuestos para la educación y la investigación, y cercena jubilaciones y pensiones.

Bajo este contexto, como sociedad organizada, redes socioambientales, sindicales, de derechos humanos, de mujeres, LGBTQI, territoriales, indígenas, estudiantiles, políticas, campesinas y anti-extractivistas, en toda nuestra diversidad, debemos construir alternativas y reagrupar nuestras fuerzas para revocar esta nueva oleada neoliberal y trabajar en pos de un sistema económico y social en el que la vida, su cuidado y reproducción sean una prioridad. La construcción de otros mundos posibles no solo pasa por denunciar estas instancias del poder corporativo y no democráticas, sino también en seguir profundizando y fortaleciendo las alternativas reales al sistema capitalista que ya se están dando a nivel planetario.

Argentina y respuesta OMC

Ante esta coyuntura, y en respuesta a la reunión de la OMC, en Buenos Aires se organizó en el pasado mes de diciembre, una semana de denuncia y de confluencia entre organizaciones, nacionales e internacionales, con el objetivo de seguir consolidando la articulación y organización social y política desde una perspectiva continental, y para discutir las alternativas populares, y la creación de nuevas formas de relaciones entre los pueblos, bajo la consigna de la complementariedad y la solidaridad.

Como contrapartida a la IX Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio en Buenos Aires, se realizó paralelamente la Cumbre de los Pueblos “Fuera OMC-Construyendo Soberanía”. En esta Cumbre se discutió y se elaboraron propuesta en torno a diversos foros: “Feminista Frente al Libre Comercio”, de los trabajadores y las trabajadoras, “Soberanía Sanitaria: El impacto del Neoliberalismo sobre el Derecho a la Salud”, “Derechos y Soberanía frente al Libre Comercio, la Deuda y el Poder corporativo”, “Bienes Comunes, Justicia Climática y Soberanía Energética”, “Multilateralismo, regionalismo y bilateralismo. Integración y respuesta alternativa de los pueblos”, “Soberanía Educativa”, “Frente al capitalismo: Internacionalismo solidario en Nuestra América”, “Bienes Comunes, Justicia Climática y Soberanía Energética”, “Migración sin OMC – La Migración es un Derecho Humano”, “Pueblo originarios/indígenas” e “Imperialismo y militarismo”.

Durante estos días, miles de personas de diferentes partes del mundo confluyeron con esperanzas de construir otros mundos posibles, con sueños de prácticas alternativas y con estrategias basadas en la solidaridad. Además se denunció las políticas promovidas por la OMC que profundizan el sistema patriarcal, la desigualdad y el empobrecimiento de las mujeres, la exclusión y criminalización de las personas migrantes, la mercantilización de la alimentación y los comunes, la crisis ambiental contaminando, destruyendo y acaparando estos dones de la naturaleza, el uso indiscriminado de energías fósiles, la privatización de la educación y la salud. Políticas acordes al capital financiero e intereses de las grandes compañías que garantizadas a través de un aparato estatal de represión y alimentado con dinero de los presupuestos públicos, profundiza la militarización de la sociedad para el control de los cada vez más escasos bienes comunes. La Cumbre finalizó con una multitudinaria marcha que bajo la consigna de “el libre comercio se va acabar”, se tomó las calles de la capital de Argentina donde se escucharon las voces críticas a este sistema.

Ante los sistemáticos atentados de las políticas promovidas por la OMC contra la vida, la Cumbre de los Pueblos reafirmó sus propuestas para trabajar sobre alternativas reales al sistema económico y político. La construcción de un sistema donde todas las personas sean iguales, y la vida, el cuidado y la no discriminación sean el objetivo principal. Para ello desde la Cumbre se propuso seguir trabajando en la consecución de nuevas prácticas emancipatorias feministas, ecologistas y de diferentes soberanías, que se organiza alrededor de la reproducción de la vida, la autogestión, que prioriza la educación, la investigación, los servicios sociales, la nutrición (es decir la producción solidaria y campesina) y la preservación de la naturaleza. Una sociedad donde el cuidado de las personas y el planeta estén en el centro.

Llamado en contra del G-20

El G-20 surge como un encuentro no formal entre potencias para conseguir y dar una respuesta a la crisis asiática de 1999, y tomar mayor relevancia ante la crisis mundial del 2008, buscando enfrentar las dificultades al unificar las agendas públicas. Lejos de plantear una salida real al sistema devorador de recursos y en contra de las personas, busca dar un salto hacia adelante profundizando las causas estructurales de la crisis civilizatoria.

Cabe destacar que el G-20 al ser un encuentro no formal entre las grandes potencias del mundo, fuera de los marcos democráticos establecidos, ya supone un atentado contra la democracia, pero si tenemos en cuenta que los temas que se tratan tienen una influencia sobre la cotidianidad de la población mundial, su ilegitimidad es más escandalosa. Este foro supone una reafirmación de un sistema cada vez menos democrático y en el que la economía y las grandes corporaciones, con los estados naciones como ejecutores de sus políticas y garantes de sus intereses, van construyendo su legitimidad y poder. El G-20 por sus características intrínsecas, en la que solo participan países invitados sin ningún otro requisito de entrada que su poder económico y geoestratégico, promueve la voz de las élites económicas mundiales.

Los acuerdos que se han tratado en las últimas cumbres han estado encaminados a construir una agenda común entre estas grandes potencias, sobre todo en el área de la economía: cooperación financiera, comercio internacional y seguridad nacional. Siendo su objetivo el consolidar los grandes acuerdos para la apertura del comercio como el Acuerdo Integral sobre Economía y Comercio (CETA), Tratado de Asociación Transpacífico (TTP), Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP), Acuerdo sobre el Comercio de Servicios (TISA). Tratados que impulsan las privatizaciones por medio de las asociaciones público privadas y avanzan en políticas de ajustes a nivel mundial, como queda claro en la declaración final de la última cumbre en la que afirman que utilizarán todas las herramientas políticas, monetaria, fiscales y estructurales para garantizar el crecimiento económico. Todo esto obviando la crisis ambiental, y utilizando los acuerdos de París, en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, como escudo ante las voces críticas. En definitiva, acuerdos no vinculantes que en la práctica no se cumplen, ya que estos países siguen promoviendo una economía basada en las energías no renovables, subvencionadas con grandes sumas de dinero público, por ejemplo, el G-20 dedica cuatro veces más presupuesto a energías no renovables que a energías limpias.

En conclusión el G-20 es parte del problema, no de la solución. La lucha por la democracia, la justicia global y la transformación socio-ecológica pasa por una lucha contra el capitalismo y por ende contra estos organismos internacionales.

Imagen: http://www.spiegel.de